Denominación de Origen Calificada Priorat, laderas y pizarras
Hace tres décadas muy pocos hablaban de Priorat y hoy esta pequeña región tarraconense encandila a la crítica nacional e internacional. En un tiempo récord se convirtió en una de las zonas de producción de vinos más prestigiosas. Digamos que, en cuestión de tintos, la D.O.Ca. Priorat estaría en el podio junto a Rioja y Ribera del Duero. De hecho, algunas de sus etiquetas se han colado entre las más originales y caras del mundo.
Los viñedos de esta región son famosos por su verticalidad. Se ubican en laderas sobre suelos de pizarra (localmente denominada llicorella), lo que dificulta las vendimias. Por eso, el hándicap que tienen estos vinos es su precio. Aunque en los últimos tiempos afloran cada vez más etiquetas a precios asequibles.
En los años 80/90 en el Priorat se fraguó una revolución que se extendió a otras regiones. Esta revolución consistió en reivindicar el viñedo propio, local, en concreto las uvas viejas de garnacha y otras castas locales. En esta comarca catalana se gestó el concepto de “vino de terruño”, y también aquí se empezó a hablar de mineralidad, característica vinculada a sus suelos de pizarra.
Un poco de historia
En 1954 se constituyó la Denominación de Origen Priorat. Y en el año 2000 consiguió el estatus de Denominación de Origen Calificada: D.O.Ca. (D.O.Q. en catalán). De este modo, Priorat es, junto a Rioja, la única denominación de origen que cuenta con el distintivo de “Calificada” por su tipicidad y por la gran calidad de sus vinos. Claro que Priorat es mucho más pequeña: frente a las 66 000 hectáreas de viñedo de Rioja, esta tiene en torno a 2000 ha.
El monasterio cartujo de Scala Dei representa la cuna histórica de los vinos y la viticultura en la comarca. Fueron los monjes cartujos quienes, en el siglo XII, trajeron desde la Provenza las técnicas para desarrollar la viticultura en estas tierras. Los dominios de la Cartuja conformaron el Priorat histórico, que en la actualidad coincide con la región de la D.O.Ca. Priorat.
La filoxera a finales del siglo XIX provocó una importante merma en el cultivo. Y en las décadas de 1960 y 1970 la zona se encontraba sumida en el empobrecimiento y abandono. Todo cambió a finales de la década de 1980, cuando se inició una nueva etapa de prosperidad. Pero esto lo explicamos más abajo.
Viñedos en pendientes
La Denominación de Origen Calificada Priorat (Tarragona) representa, junto a la D.O. Montsant, la Cataluña interior, montañosa y boscosa. Empleando un símil, podríamos decir que Priorat es la yema del huevo y Montsant la clara, porque rodea a la primera.
El relieve del Priorat obliga a cultivar las viñas en pronunciadas pendientes y, en muchos casos, a construir terrazas. El desnivel supera el 15%, y en algunas fincas llega al 60%. La ubicación de las viñas en laderas imposibilita muchas veces el trabajo mecánico. Por ello, los viticultores siguen las formas de cultivo más tradicionales. El paisaje que dibujan estos viñedos conforma una de las características más destacada del Priorat, y le otorga una identidad muy marcada.
La altitud de las viñas abarca una horquilla desde los 100 metros sobre el nivel del mar en las zonas bajas de los municipios de Bellmunt del Priorat y el Molar, hasta los 750 m en las zonas elevadas de Morera de Montsant y Porrera.
Clima extremo y muy seco
El clima del Priorat es extremo y muy seco. De hecho, la sequía es uno de los problemas más acuciantes en los últimos años. La escasez de precipitaciones está reduciendo la producción en una comarca que ya de por sí se caracteriza por sus bajos rendimientos.
Como consecuencia de la orografía y el clima tan peculiares de la comarca, las cepas sufren de manera importante y otorgan unos rendimientos muy bajos, de tan solo 1 kilo por planta como media.
La baja producción, sumada a la dificultad del laboreo por las marcadas pendientes, redunda en vinos con precios elevados. Eso sí, también de alta calidad y con una identidad singular.
Datos sobre la Denominación de Origen Calificada Priorat
El número de hectáreas de viñas adscritas a la D.O.Ca. Priorat no ha parado de crecer. En 1998 registraba 878 hectáreas; en la actualidad son 2244, y un total de 363 viticultores.
En cuanto al número de bodegas, en 1998 eran tan solo 23 las firmas productoras adscritas al Consejo Regulador; en la actualidad son 115. La mayoría de estas bodegas están abiertas a las visitas.
En cuanto a la producción, en la última campaña de 2024 se cosecharon 4 037 529 Kg de uva.
Y si hablamos de exportación, un 40% de la producción total de vinos con D.O.Ca. Priorat viaja el mercado extranjero.
La revolución del Priorato y sus artífices
A finales de la década de los ochenta llegó al Priorat un grupo de enólogos que revolucionó la zona. Gracias a ellos, el Priorat salió del olvido y alcanzó un gran éxito, ocupando un sitio en el mapa internacional de los vinos finos.
Este grupo de pioneros estaba formado por Álvaro Palacios, René Barbier, José Luis Pérez, Daphne Glorian y Carlos Pastrana. Estaban convencidos de que una zona con una geografía tan peculiar podría ser la cuna de grandes vinos. Y se pusieron manos a la obra. Cada uno con sus viñas, pero compartiendo instalaciones en una primera etapa. Después se separaron.
El nuevo estilo de vinos se basó en el concepto de ‘terroir’ que dicen los franceses (o terruño, en España), y en el redescubrimiento de las viejas viñas de garnacha y cariñena. Cepas sabias que resistían en las escarpadas colinas y en los suelos de llicorella. Con ellas crearon vinos que en los inicios compartían cierta imagen corporativa, con estética y nombre similar: Clos Dofí (actualmente Finca Dofí), Clos Mogador, Clos Martinet, Clos Erasmus y Clos de L’obac.
El resto ya es historia. Álvaro Palacios marcó un hito con el vino L’Ermita, el más carao de España durante mucho tiempo, hecho con un viñedo de 1,4 hectáreas de garnachas centenarias.
La apuesta en esta comarca por la uva garnacha contagió a productores de otras zonas, y contribuyó en gran medida a que la variedad recuperase el interés.
Garnacha y cariñena, las reinas del Priorat
Más del 90% de los vinos producidos en esta denominación son tintos, el resto se lo reparten blancos y rosados, estos últimos los más minoritarios. Son vinos de montaña con el sello mineral que dejan los suelos de pizarra.
Lógicamente, las variedades más cultivadas son las tintas, con la garnacha y la cariñena como uvas mayoritarias y más representativas. También están autorizadas las tintas garnacha peluda, tempranillo, picapoll negre, cabernet sauvignon, cabernet franc, pinot noir, merlot y syrah.
En cuanto a las variedades blancas, las autorizadas son garnacha blanca, macabeo, Pedro Ximénez, chenin blanc, moscatel de Alejandría, moscatel de grano menudo, blanquilla, picapoll blanc y viognier.
Zonificación al estilo Borgoña
Decíamos al principio que esta zona fue pionera en enarbolar el concepto de vino de terruño. De hecho, fue la primera zona que se zonificó al estilo de la Borgoña. Ya antes de esta clasificación, fue la primera región en introducir en España la figura de vino de municipio (Vi de Vila) en 2007.
La clasificación de la Denominación de Origen Calificada Priorat organiza los viñedos en cinco categorías desde la cosecha 2017. Cada categoría tiene distintas exigencias en cuanto a la viticultura y la producción.
Estas son las categorías, desde la más general a la más particular:
-La base de la pirámide la ocupan los vinos DOQ Priorat (vino regional), que se pueden elaborar con uvas de cualquier zona de la región.
-Un escalón más arriba en esta pirámide “terruñista” la ocupan los vinos DOQ Priorat Vi de Vila (vino de municipio). Se nutren de uvas en el área delimitada como municipio por el Consejo Regulador. Rendimientos máximos: 7.000 kilos/hectárea para blancos y 5.000 kilos/hectárea para tintos. Estos vinos deben incluir un mínimo de 60% de garnacha y/o cariñena.
-Después están los vinos DOQ Priorat Vi de Paratge (vino de paraje). Proceden de uno de los parajes limitados por el Consejo Regulador. Rendimientos máximos: 6.000 kilos/hectárea para blancos; 4.000 kilos/hectárea para tintos. Mínimo 60% de garnacha y/o cariñena.
–DOQ Priorat Vinya Classificada (viña clasificada) es para vinos procedentes de una viña clasificada por el Consejo Regulador. Rendimientos máximos: 6.000 kilos/hectárea en blancos; 4.000 kilos/hectárea en tintos. Mínimo 60% de garnacha y/o cariñena.
-En la cúspide, los vinos con DOQ Priorat Gran Vinya Classificada (gran viña clasificada), que sería como una especia de Grand Cru en Borgoña. Proceden de una viña clasificada por el Consejo Regulador y cultivada mediante métodos tradicionales. Rendimientos máximos: 4.000 kilos/hectárea para blancos; 3.000 kilos/hectárea para tintos. Mínimo 90% de garnacha y/o cariñena. Esta categoría también es más exigente respecto a la edad de las viñas. Exige que un 80% de las uvas procedan de viñedos de 35 o más años; y el 20% restante, al menos de viñas de 10 años.
Las etiquetas también incorporan la mención ‘Viñas viejas’ cuando se surten de cepas de 75 años o plantadas antes de 1945. Y esta distinción es válida para todas las categorías de vinos anteriores.
En resumen, esta clasificación pone en valor la singularidad del Priorat. Como apuntábamos, va en la línea borgoñona, ya que apuesta por poner el foco en el terruño frente a un sistema de clasificación tradicional basado en los tiempos de crianza. Otras regiones han seguido este camino, como Bierzo, y también, aunque en menor medida, Rioja.
